¿Y si no estás cansado? ¿Y si estás desconectado de ti?
- Pilar Bernaldez

- 22 jun
- 3 min de lectura
Vivimos en una época curiosa.
Nunca hemos tenido tantas herramientas para ahorrar tiempo.
Nunca hemos tenido tanta información al alcance de la mano.
Nunca hemos estado tan conectados con el mundo.
Y, sin embargo, nunca ha habido tantas personas sintiéndose agotadas, perdidas o desconectadas de sí mismas.
Quizá tú también lo hayas sentido alguna vez.
Te levantas por la mañana, cumples con tus responsabilidades, respondes mensajes, haces gestiones, trabajas, ayudas a los demás, intentas llegar a todo... y cuando termina el día tienes la sensación de que has estado ocupado durante horas, pero no sabes muy bien dónde has estado tú en todo ese tiempo.
Y entonces aparece una palabra que repetimos constantemente:
"Estoy cansado."
Pero ¿y si el problema no fuera solo el cansancio?
¿Y si una parte importante de ese malestar viniera de haber perdido el contacto con nosotros mismos?
La desconexión silenciosa
La mayoría de las personas no se levantan un día sintiéndose completamente desconectadas.
Sucede poco a poco.
Un día dejamos de escuchar lo que sentimos.
Otro día ignoramos una emoción porque no tenemos tiempo para atenderla.
Más adelante dejamos para mañana aquello que sabemos que necesitamos.
Y casi sin darnos cuenta comenzamos a vivir en piloto automático.
Seguimos funcionando.
Seguimos produciendo.
Seguimos avanzando.
Pero cada vez sentimos menos.
Cada vez escuchamos menos nuestra intuición.
Cada vez dedicamos menos tiempo a nosotros mismos.
Hasta que aparece una sensación difícil de explicar.
No es exactamente tristeza.
No es exactamente ansiedad.
No es exactamente estrés.
Es algo más profundo.
La sensación de habernos alejado de nuestro propio centro.
Buscando respuestas fuera
Cuando esto ocurre solemos buscar soluciones en el exterior.
Pensamos que necesitamos unas vacaciones.
Un cambio de trabajo.
Una nueva relación.
Más dinero.
Más actividades.
Más distracciones.
Y aunque algunas de esas cosas pueden ayudarnos, muchas veces descubrimos que el vacío sigue ahí.
Porque el problema no siempre está fuera.
A veces el problema es que hemos dejado de escucharnos.
Hemos olvidado cómo estar con nosotros mismos.
Hemos perdido la conexión con nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestras verdaderas necesidades.
El cuerpo siempre habla
Nuestro cuerpo tiene una forma muy curiosa de comunicarse.
Cuando no escuchamos nuestra mente, habla el cuerpo.
Cuando ignoramos nuestras emociones, habla el cuerpo.
Cuando vivimos demasiado tiempo desconectados, habla el cuerpo.
A veces lo hace mediante tensión.
Otras veces mediante agotamiento.
Otras veces mediante ansiedad, irritabilidad o sensación de bloqueo.
Por eso cada vez más personas están descubriendo algo que durante siglos se ha sabido en diferentes tradiciones de todo el mundo:
La respiración consciente, la presencia y la conexión interior no son lujos.
Son necesidades.
Volver a uno mismo
Volver a uno mismo no significa abandonar la vida cotidiana.
No significa irse a vivir a una montaña.
No significa dejar atrás las responsabilidades.
Significa recuperar espacios donde podamos escucharnos de verdad.
Espacios donde podamos respirar sin prisas.
Sentir sin juzgarnos.
Observar sin exigirnos.
Recordar quiénes somos más allá de nuestras obligaciones, nuestros problemas o nuestras preocupaciones.
Porque existe una parte de nosotros que permanece intacta incluso en los momentos más difíciles.
Una parte que no necesita ser arreglada.
Solo necesita ser escuchada.

El verdadero bienestar
Durante mucho tiempo nos han hecho creer que el bienestar consiste en añadir cosas.
Más logros.
Más éxito.
Más productividad.
Más resultados.
Pero quizá el verdadero bienestar tenga más que ver con quitar.
Quitar ruido.
Quitar tensión.
Quitar expectativas.
Quitar todo aquello que nos aleja de nuestra esencia.
Y permitirnos volver a lo más simple.
Respirar.
Sentir.
Estar presentes.
Una invitación
Si últimamente te sientes cansado, agotado o desconectado, quizá no necesites esforzarte más.
Quizá no necesites correr más rápido.
Quizá no necesites encontrar una nueva solución.
Quizá simplemente necesites volver a ti.
Dedicarte unos minutos al día.
Escuchar tu respiración.
Observar cómo te sientes.
Regalarte el espacio que llevas tanto tiempo ofreciendo a los demás.
Porque a veces el camino no consiste en convertirnos en alguien diferente
.
Consiste en recordar quiénes somos cuando desaparece el ruido.
Y ese lugar siempre está dentro de nosotros.
Ese lugar es nuestro Santuario Interior.
Vuelve a sentirte con la energia llena!!!!


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